Por: Patricio Cortés
Fotografía: Alfredo Palomo
 
 
Podríamos revivir la Gran Fiesta Taurina: Ponciano,
Gaona y Fermín Espinosa, el primer Armilla.
Después, los inmensos toreros como Lorenzo Garza,
El Soldado, Silverio Pérez, Luis Procuna, Joselito Huerta,
hasta llegar a Manolo Martínez y Eloy Cavazos.
Yo creo que tardarán otros diez años.
Se han perdido muchas cosas lamentablemente:
ha faltado estructura, escuela… muchas cosas…
¡Hambre de ser figura del toreo! Hoy hay muchos novilleros
pero ninguno da el paso definitivo. Hay muchos toreros.
Se les da la alternativa y todo, pero no surge ningún mandón
 
 
 
La Tauromaquia en México es considerada un arte de tradición arraigada y amplia historia que abarca desde la primera corrida celebrada el 24 de junio de 1526 para festejar el regreso de Hernán Cortés de su expedición a las Hibueras (hoy Honduras); pasando por la instauración oficial de la Fiesta Taurina el 13 de agosto de 1529, día de San Hipólito.

Desde entonces hasta consumarse la Independencia (1821) la ciudad de México fue escenario de esa  corrida que se hizo tradicional, lo que sirvió para que se le fuera añadiendo un calendario taurino, además de las festividades de San Hipólito, las de todos los santos disponibles, las canonizaciones y hasta las fechas de llegada de los Virreyes venidos de España a pesar de que algunos no eran taurinos.

Así, la Historia consigna claramente quien fue el primer ganadero: Don Juan Gutiérrez Altamirano, fundador de la Hacienda de Atenco, muy afamado criador de reses bravas afincado en el Estado de México.

Desde las añoradas glorias de los siglos XVI, XVII, XVIII, XIX,  XX hasta las del siglo XXI. Así, las hazañas de antaño y hogaño se pueden ver y sentir en el Museo Taurino de la Ciudad de México, fundado en noviembre de 2006 por Don Diego Carmona.

El Museo está a un costado de la Plaza México, la más grande del mundo, ocupando el espacio de lo que fuera el Auditorio de la Asociación Nacional de Matadores de Toros, Novillos y Rejoneadores.

Don Diego Carmona
dice: -“El Museo podría ser más grande si hubiera espacio, lamentablemente no es posible, hemos ocupado lo más que se ha podido pero, fácilmente, podemos montar otros dos museos con las mismas dimensiones con piezas de igual relevancia”.

Prácticamente el acervo taurino es producto del esfuerzo de un solo hombre, de su creador, cuya parte importante de su colección privada exhibe en este recinto. De las vicisitudes y trabajos me narra: -“Anduvimos buscando, antes de ponerlo aquí, algún lugar más amplio; que el gobierno participara, pero creo que a nadie le interesó; y esta asociación fue la única que nos concedió permiso para que en este auditorio se montara un museo, por eso optamos por ubicarlo aquí. Afortunadamente resultó lo más adecuado porque está cerca de la plaza y es la asociación de matadores”.
 
Reconocido empresario taurino y añejo amante de la Fiesta Brava, orgulloso, Don Diego Carmona me refiere: -“Tenía muchos años que en la Ciudad de México no existía un Museo Taurino. Hacerlo no es de la noche a la mañana. No puedes inventar, ni tampoco de: ‘dime dónde venden los carteles para montarlo’. Esto exige arduo trabajo de muchos años para llevar a cabo la colección de objetos, carteles, boletos, trastes, vestidos, cabezas, de épocas anteriores”.

-¿Cómo inició su colección?: -“Esta colección perteneció a los señores que en su momento formaron la primera cuadrilla
mexicana y estamos hablando de los años 1920. En aquella época Don Nacho, que fue sastre de toreros, comenzó a coleccionar algunos carteles, cuando era Ponciano Díaz nuestra máxima figura (1887).

-“Este señor tuvo unos hijos: Jesús y Ángel Izunza, que tenía un cortijo en la Colonia Romero Rubio. Con el tiempo, ellos heredaron la colección y, efectivamente, hicieron un pequeño museo taurino. Posteriormente muere Don Ángel Izunza y su hijo, que no era muy taurino, de alguna manera contactó conmigo porque supo que a mí me gustaban estas cosas. Me vendió los pocos carteles que se rescataron de aquella colección.

-“Por eso, hoy día tenemos la oportunidad de exponerlos en este Museo Taurino, de otra manera, sería imposible coleccionar carteles de aquellas épocas”.

-¿Tiene precio lo coleccionado?: -“La colección es invaluable. No te puedo decir si comercialmente tenga precio, que esto puede valer un peso o miles, porque no hay un mercado abierto, es estimativo. Hay carteles que son tan únicos que aun teniendo todo el dinero del mundo no se consiguen”.

-¿Por qué, para qué, hacer inversiones tan grandes si no se recuperan con el museo?: -“Por romanticismo, por gusto y por lo más importante: las cosas guardadas no sirven para nada. Es como el que sabe mucho y nunca da conferencias. Un documento guardado no sirve para nada. Exhibido vale mucho.

-¿Cuál es su joya principal?: -“El estoque que perteneció al matador italo-español Luis Mazzantini y Eguía, El Rey del Volapié (1887-1926). Estamos hablado de 1880, fue el primer torero español (con ascendencia italiana) que enseñó a los toreros mexicanos como Ponciano Díaz a matar a los toros de lidia.
 
-“Su estoque lo tenemos aquí. Es una reliquia muy especial porque el enseñó a torear a los mexicanos y era un excelente estoqueador. Está forjado de una sola pieza hecha en España y es diferente a los tradicionales, si te das cuenta parece una espada, no como los de ahora que tienen canales. Tiene un valor muy especial.

-“Luego tenemos el capote del Sevillano Chicuelo, Manuel Jiménez -un estilista innato, inventor de la Chicuelina (1902-1967) que se convirtió en el primer gran ídolo del público de México.

-“De este lado tenemos un traje de Manolete y otro de Gaona, las piezas más
importantes que tiene el museo. Lógicamente cada cartel tiene su historia, su importancia (los hay del siglo XIX. Uno dice Plaza principal de toros San Pablo domingo 8 de noviembre de 1857.

-“Lo más importante es que le decimos al mundo: ‘Mira, tenemos historia taurina. Los toros en México no se dan de El Juli para acá. Nuestro Museo narra más de 500 años desde su inicio. Describe todas las plazas que hubo y hay”.

Don Diego Carmona
se remonta hasta los orígenes del toreo en México: -“En 1526 ya, se puede decir, había toreo. Antes el toreo no era de los que hoy conocemos a pie, era a caballo con lanzas. Después entendieron que era más importante el que está a pie, que antes era el ayudante del que está a caballo que hoy en día es el picador”.

-¿La charrería influyó al toreo?: -“Sí, claro. Se toreaba a la mexicana como Ponciano Díaz

-¿Y hoy, hay toreo a la mexicana?: -“¡No! En aquellas corridas del tiempo de la Revolución, sin peto los caballos, con charros lanceando, esos eran prácticamente los inicios del toreo en México aunque tradicionalmente en las fiestas se organizaban corridas”.

-“¿Quiénes fueron los toreros más destacados?: -“Ponciano, luego siguen Gaona y Fermín Espinosa, el primer Armilla. Después, todos aquellos inmensos toreros como Lorenzo Garza, El Soldado, Silverio Pérez, Luis Procuna, Joselito Huerta, hasta llegar a Manolo Martínez y Eloy Cavazos.

-¿Qué aportaron?: -“Formas de torear a la mexicana. El toro mexicano y una clara y fuerte competencia con los españoles, que fue lo más importante.

-¿Y cómo andamos hoy?: -Lamentablemente no hay torero mexicano que valga la pena. No hay un mandón, uno bueno, por decirlo así. De aquella época extrañamos a una figura del toreo… y tardará porque no hay. Por eso está la Fiesta muy sumida, porque no hay mandones, no hay figuras del toreo mexicano para que compitan con los españoles.

-¿Y qué tenían aquellos toreros de sus carteles que les falte a los de hoy?: -“Tenían personalidad, tenían visión, hambre de ser figuras del toreo. Hoy, un novillero para ir a una tienta, quiere tener un coche a la puerta para que lo lleve y lo traiga. Antes, los señores se iban caminando para que les dieran un pase de una tienta. Hoy, les falta tener hambre de ser toreros.

-“Por ejemplo, Gaona tenía más hambre, porque procedía de una cuadrilla que se formada por quienes tenían ganas de ser toreros y que no tenían ni un centavo partido por la mitad.

-“Influyen también las ganaderías descastadas, que en lugar de que salgan más bravas salen más mansas. Tienen qué ver muchas cosas. Las han descuidado”.

-Pero, hay matadores que dicen que no tuvieron buena tarde porque el toro era muy peligroso: “Ellos, los toreros quieren lo más fácil, ‘toros a modo’, con menos complicaciones. Eso es incorrecto, porque el toro debe tener bravura para que haya espectáculo. Deben provocar emoción, espanto, gozo en el público, que el torero se acerque y tenga mérito su faena. Un toro bobo, pues lo que le hagas a nadie le importa”.

-¿Y cuándo cree que podamos salir de este bache?: -“Yo creo que tardarán otros diez años. Se han perdido muchas cosas lamentablemente: ha faltado estructura, escuela… muchas cosas… ¡Hambre de ser figura del toreo! Porque, hoy en día, hay muchos novilleros pero ninguno da el paso definitivo. Hay muchos toreros. Se les da la alternativa y todo, pero no surge ningún mandón.

-“Tú, programa a cualquier torero en México y no te llena ni el 10% del tendido. ¿Por qué? Porque no despierta interés en el aficionado. En cambio, España está ahí, todos son más profesionales. Salen muchas figuras.

Ahí, en el Museo Taurino hay piezas, fotografías y carteles de las glorias taurinas de los cuales podríamos sacar muchísimas lecciones del pasado, podríamos revivir una gran Fiesta Taurina que hoy está en crisis.
 
 
 
 
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Número 102, Mayo 2008