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| Por: José Antonio Ruiz Estrada Fotografía: Mario Torres |
| El abstracto tiene la verdad oculta. Hay que buscarla. Me gusta preparar pinceles, paleta, colores, para expresar las cualidades de lo que me rodea, sin pintar al sujeto. La figura no se me da, no me satisface. Me gusta ser libre, muy libre, quizás por ello no represento seres o cosas concretas, el color es mi pasión, las líneas. Expreso, quizás, el espacio donde me encuentro, en el laberinto de la búsqueda de esa verdad que sospecho, que apenas intuyo, que no conozco, por ello plasmo sólo elementos de forma, color, estructura y proporción |
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El término Huauchinango, significa en español “en la muralla de los árboles”, y así, este bellísimo pueblo pareciera estar protegido por una maravillosa “muralla” de pinos, cedros, fresnos y una gran variedad de arbustos en riquísima gama de verdes: del verde dorado, rojizo, azulino, amoratado, hasta el verde seco, opaco, terroso. Paisaje maravillosamente caprichoso, contrastante por la luz del sol refractada en los frondosos árboles y los espacios multiformes del terreno conformado por montañas y sierras sobre los cuales los herederos del caudillo chichimeca Xólotl, asentaron su caserío, en cuyas partes altas el sol juguetea todo el día, salvo en la época de lluvias, creando paisajes singulares como obra caprichosa de un pintor obsesionado con las gamas cromáticas o los significados colorimétricos. Pero aún, cuando las nubes preñadas de agua detienen inciertamente la luminosidad de nuestra mayor fuente de luz y calor, los paisajes siguen siendo extraordinarios, pues pareciera que los |
| pinos, los cedros y los fresnos se yerguen más para recibir la frescura que les regala el cielo o para sentirse abrigados por la suave neblina que el calor y el agua les confeccionan para saturarlos de plácida humedad. Estos fenómenos, que se dan naturalmente sin que la mano del hombre pueda o se atreva a intervenir, debieron sintetizarse, resumirse, concentrarse para anidar en la mente del joven pintor huauchinanguense Óscar Sosa Altamira, quien con gran destreza los plasma en tela o madera, con acrílico u óleo, a manera de búsqueda del significado de los laberintos que le plantea la vida en diversas circunstancias y momentos. Es la búsqueda de una verdad insospechada, quizás sólo intuida, por Óscar Sosa Altamira, de la cual aún no está seguro pero, con seguridad, está presente en cada una de sus obras para que el espectador la busque y la encuentre. Su taller, amplísimo, galpón que antiguamente fue carpintería, con burdas paredes altas a base de piedras basálticas y algunas partes cubiertas de temple blanco, está exquisitamente decorado con obras de su autoría. Ahí pudimos observar a placer: Pasión al Rojo Vivo, Mujer Verde, Zempoala, El Cangrejo y Autóctono, escasas obras que sí fueron tituladas por su autor, porque el resto, muy numeroso (decenas, centenas) no lo fueron: -“Debido a que los espectadores y compradores me preguntan siempre: ‘¿Y por qué este título si yo veo muchas cosas distintas?’ cuando ellos ven detalles diferentes a los que yo vi al crearlas. Así que les dejo a ellos la decisión de titularlas según su interpretación”. - ¿Por qué eligió el abstraccionismo? ¿Por qué la ausencia de la figura?: -“Mire, el abstracto tiene la verdad oculta. No la encuentro. Hay que buscarla. Me gusta preparar pinceles, paleta, colores (preferentemente acrílicos) para expresar las cualidades de lo que me rodea, sin pintar al sujeto. La figura no se me da, no me satisface. Me gusta ser libre, muy libre, quizás por ello no represento seres o cosas concretas, el color es mi pasión, las líneas. Expreso, quizás, el espacio donde me encuentro, en el laberinto de la búsqueda de esa verdad que sospecho, que apenas intuyo, pero que no conozco, por ello plasmo sólo elementos de forma, color, estructura y proporción”. |
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Cómo gran excepción en su vida –desarrollada la mayor parte en su pueblo natal, Huauchinango- el Maestro Óscar Sosa Altamira estudió entre 1998 y 2004 en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda, la cual tuvo origen ‘en los talleres de Escultura y Talla Directa, fundados por Guillermo Ruiz en el bellísimo edificio del Ex-convento de la Merced en 1927, que durante la década de los treinta se trasladó al Callejón de la Esmeralda de donde tomó su nombre. Al establecerse, en 1943, su primer Plan de Estudios, |
| impartieron clases artistas como Diego Rivera, Francisco Zúñiga y Frida Kahlo, ‘bajo los supuestos de ofrecer una formación artística a amplios sectores de la población, principalmente a las clases populares’. La perspectiva de producción en esa época se basaba en la corriente que hoy conocemos como Escuela Mexicana. A esos maestros los sucedieron los más prestigiados artistas contemporáneos de México, debido a lo cual La Esmeralda fue influida por diferentes corrientes emergidas durante el resto del siglo XX. En 1994, La Esmeralda se trasladó al Centro Nacional de las Artes bajo el segundo Plan de Estudio quinquenal. Esa transición la vivió y la rechazó el Maestro Óscar Sosa Altamira, junto con un nutrido grupo de estudiantes que no estuvieron de acuerdo con un nuevo plan (1999) el cual, prácticamente, desechaba la orientación y capacitación de los estudiantes para crear Arte genuino: -“Se abandonó la formación de artistas plásticos. La misión basada en los principios de transmitir una educación de calidad. Se renunció a llevar a cabo un proceso de enseñanza-aprendizaje dinámico e integral en un ambiente de pluralidad y de ser una institución comprometida con la vanguardia, abierta a otras instituciones y centros promotores y generadores del arte. La convirtieron en un centro de enseñanza elitista”, expresa con dejos de molestia el maestro Sosa Altamira. - “Me tocó la transición de la antigua Esmeralda que estaba cerca de la Alameda Central al Centro Nacional de las Artes, cuando entraba al último año de la carrera. Como bajó mucho el nivel académico, con muchos compañeros más, decidí dejar pasar un año con esperanza de que se estabilizaran las cosas. Cuando regresamos nos llevamos la sorpresa de que habían cambiado el Plan de Estudios. Teníamos que empezar desde cero porque no nos revalidaron materia alguna. - “Antes, trabajábamos 60% de práctica y 40% de teoría. Luego, 40% experiencia y 60% teoría. Nos nulificaron, debido a ello el último año no lo cursé. - ¿Por qué?: -“Le dieron mayor importancia al Diseño Gráfico, al Diseño Industrial, se enfocaron a ese ámbito. Dejé todo de lado y lo olvidé y me dediqué a mi propia corriente”. - ¿Ese movimiento de rebeldía recibió algún nombre?: -“No. No. Era la etapa de un movimiento muy importante en el Arte, pero no formé parte activa, aunque de hecho estaba con ellos”. -¿Cuál fue la causa concreta de ese disgusto?: -“El ejercicio de disciplinas tecnológicas e informáticas, más adecuadas para la creación de publicidad y mercadotecnia”. -¿Hicieron crítica a ello?: -“Recuerdo que los maestros y alumnos de 4º y 5º se inconformaron con el cambio del Plan de Estudios, tan sólo porque se descubrió que cambiarían con ese plan el estatus social de La Esmeralda, sólo esto era grave por sí mismo. - “A las autoridades no les importó tener el taller con vista a los campos de golf del Country Club, atrás de los Estudios Churubusco. En su defensa, alegaban las autoridades que ‘la mata, la raíz de los artistas, era ahí, en esa escuela’. Me mantuve al margen, creo que excedí mi carácter provinciano porque no formé parte de ese movimiento”. - ¿Lo considera agresión? Porque La Esmeralda, bien lo dijimos al principio, fue crisol de los grandes artistas de México: -“Así es. No sólo del arte nacional, sino internacional. Y de pronto la convirtieron en una especie de Escuela de Arte Patito. De hecho, el nivel académico anterior era excelente, en comparación del Plan de Estudios nuevo. Hay mucha diferencia. Porque también ahora es, tengo entendido, es de tiempo completo, decisión que afectó a la gran mayoría de estudiantes que tenían qué trabajar para sostener sus estudios”. - ¿Se elitizó?: -“Sí. -¿Desde esta perspectiva, a nivel nacional, dentro del Plan Nacional de Estudios, respecto del Arte, que piensa usted que debe hacer la autoridad y la sociedad para impulsar los talentos artísticos, que son muchos?: -“Enseñar a las nuevas generaciones, desde su infancia, que la creación del Arte, debe estar al nivel de las ciencias exactas o humanísticas, quizás vista desde un ángulo distinto, superior. Ello, porque no se debe perder de vista que el Arte es el modo, el lenguaje universal, más profundo de la expresión humana. Donde el humano sí está liberado para expresar sus emociones y sentimientos, su visión de la vida. Todo aquello que trae dentro de sí mismo. Y aprender que sólo lo que es arte es capaz de despertar emociones, si no lo logra algo bello pero frío, ese no es arte”. - ¿Aquí, con tu estilo personal, te sientes liberado de la imposición de quiénes alguna ocasión te dijeron que lo que pintabas no era arte?: -“En La Esmeralda yo batallé mucho porque me negué al realismo, a la figura humana. Mi necesidad de expresarme, siempre se los dije, era de otra forma, no me gusta, no se me da retratar la realidad. Padecí mucho con mis maestros, pero me ayudó a superarlo el diplomado sobre Sensibilización y Expresión Creativa que tomé en la Universidad Iberoamericana, con la maestra Ana Goffman. - “Ella fue quien me ayudó a sacar todo esto, a no dejarme someter por los mandatos agresivos de la pintura que supuestamente yo debía hacer pero que yo no quería. Desde luego, me falta tiempo, sigo en esa búsqueda, pero realmente estoy muy satisfecho de lo que he hecho, de mi forma de trabajar, de mi estilo, porque en la escuela este tipo de pintura no me lo aceptaban los maestros, porque tenía que seguir estrictamente sus técnicas y abordar sus temas que a mí no me satisfacían”. - ¿Qué técnica usas preferentemente?: -“Acrílicos sobre tela y eventualmente sobre madera”. –Y cuál tema te emociona más: ¿el cosmos, el origen de la vida, el contexto ecológico, qué?: -“No tengo un tema preferente. Me mueve todo. No estoy con ideas definidas en algo. Baso mi trabajo en mis estados de ánimo. Trabajo directamente sobre el lienzo y conforme me lleva el pincel, en el momento”. - Ya lo mencionó brevemente, pero, ¿cómo es que no les pone títulos a su nueva obra?: -“La mayoría no tiene título porque como no trabajo con ideas definidas, los voy armando prácticamente, para mí significan una cosa y para el espectador o comprador significan otra. A mis primeros cuadros les puse título, pero siempre había un choque de ideas y algo… no sé… algo que no me gustaba era que la gente nunca estaba de acuerdo con mis títulos. ‘¿Por qué le pusiste así si yo veo esto? ¿Por qué si veo esta forma y estos colores?’ Entonces, que el espectador se encargue de definir, nombrar lo que ve, lo que siente”. - Esto, precisamente, es lo que veo como tu permanente búsqueda. ¿No lo has logrado, verdad?: -“No… exactamente es así. Creo que esa confusión nació con la agresividad de mis maestros en La Esmeralda, al decirme: ‘lo tuyo no es arte, esto, lo que ves, sí es arte’. Y me llenaron de dudas, aunque yo estoy seguro de que sí, lo mío es arte, y estaré mejor cuando los espectadores, con sólo mirar mi obra expresen: ‘¡Esto es Arte!’ - ¿Lo que hace le emociona, verdad? ¿Vive de la pintura?: -“Sí. ¡Claro! ¡Por supuesto! Me hace vibrar y me da para vivir. Esa búsqueda, tal vez, no lo había pensado, me crea un conflicto existencial, puede ser que el pintar lo sea para mí. Lo demás que vi en el enorme cobertizo-taller del maestro Óscar Sosa, me gustó, y dudé mucho de que simplemente, cuando pinta, deje correr el pincel, más bien, como señalé al principio, quizás por ser tan joven no gusta de ser solemne, ni falta le hace inventarse estribillos, slogans, lemas, o gritos mercadotécnicos para que se venda su obra. Aparentemente se está frente a obras de arte decorativo (¿y qué obra no lo es, ya provenga de los consagrados o no?) y sí, definitivamente lo son, porque tienen luz, colorido, significado, el chiste es zambullirse en cada obra, observar cada línea, cada gama cromática, para intuir al menos, que esas pinturas tienen más que lo que Óscar Sosa Altamira llama modestamente intuición. Debido a ello, querido lector, lo invito a observar cada obra que le presentamos. Seguramente usted encontrará una razón para darle título a alguna de las obras de Óscar Sosa Altamira y, cuando lo haga, tenga usted la seguridad de que habrá cumplido el propósito del joven y sencillísimo pintor. |
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| www.revistapersonae.com Número 102, Mayo 2008 |