Por: Roberto Vidal Méndez (Académico y experto en seguridad nacional)
 
 
Las Secretarías de la Defensa Nacional, Marina y Seguridad Pública, por su origen y naturaleza, son instituciones esenciales para la Seguridad del Estado Mexicano. Por ende, deben tener un proceso de desarrollo institucional, donde se privilegien mérito, conocimiento y experiencia, para que sus integrantes puedan aspirar a  un ascenso dentro de la estructura  corporativa de las mismas.

Además, quien las encabece, debe de tener la autoridad moral, para poder ejercer el mando formal sobre sus subordinados. En el caso de la SEDENA y la SEMAR, sus titulares cumplen con amplitud el perfil requerido. Amén de que son egresados de las escuelas militares o navales y, rigurosamente, escalaron, paso a paso, cada uno de los grados que han alcanzado hasta llegar a los de General y Almirante, respectivamente.

Así, el General de División Diplomado de Estado Mayor, Guillermo Galván Galván y el Almirante del Cuerpo General Diplomado de Estado Mayor Naval, Mariano Francisco Saynez Mendoza, toda su vida han transitado por las instituciones que hoy les toca comandar, pasando incluso por el filtro del Senado de la República, el cual les ratificó, en su oportunidad, sus grados militares.

Justamente, de esta manera, la SEDENA y la SEMAR son instituciones que, hoy por hoy, gozan de una sólida estructura corporativa con un amplio reconocimiento y credibilidad social.

En el caso de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, no obstante la voluntad política del Presidente Felipe Calderón Hinojosa, para consolidar una institución con la función especifica de prevenir e investigar ilícitos, así como sus causas y consecuencias, su titular, el ingeniero mecánico Genaro García Luna, ha equivocado el método, hecho que podría ser entendible dada su inexperiencia policial, jurídica y holista.

Además, es víctima del síndrome del abuso de poder, cuyos indicios son evidentes en una serie de decisiones equivocadas que ha tomado en beneficio de familiares y amigos.

Inevitablemente, las equivocaciones del ingeniero mecánico han impactado en el ánimo de sus subordinados, quienes, de reojo, observan las mentiras, el  nepotismo y los abusos de su jefe, quien da cuentas alegres a la opinión pública sustentadas únicamente en su oligofrenia, lo que ha generado un extraordinario caldo de cultivo para la incertidumbre de los servidores públicos de carrera, los que ya andan viendo la forma de organizarse, para manifestar su inconformidad ante el Presidente de la República, que de llevarse a cabo generarían una gran crisis de gobernabilidad. Crisis que sería el clavo que falta a la cruz del Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.

Embarcado en un marco jurídico virtual, Genaro García Luna desde el año pasado mantiene en su discurso la creación de seis divisiones que serán los pilares de la Policía Federal que articulan, según el ingeniero mecánico, a la AFI y a la PFP, a saber: Inteligencia Policial; Antidrogas; Delitos Federales; Seguridad Regional; Servicios Judiciales y Ministeriales, y Fuerzas Federales.

Sus cartas fuertes para ocupar estas divisiones, algunos ya con nombramiento oficial aunque sin sustento jurídico, son: Maribel Cervantes Guerrero, Edgar Eusebio Millán Gómez, Víctor Gerardo Garay Cadena y Oswaldo Luna Valderrábano. Es notorio, cada vez que el ingeniero mecánico los menciona, subraya la trayectoria de estas personas en el CISEN, mencionando, reiteradamente, su blindaje anticorrupción, qué, por cierto, sólo García Luna conoce, ya que cuando algún reportero le pregunta sobre el ingreso de muchos de sus cercanos colaboradores sin presentar los exámenes de confianza, contesta: -“Mira, tú me conoces desde hace tiempo, y sabrás cuál es el alcance que tenemos”. Sin comentarios.

Las personas que conocieron a Genaro García y a sus principales colaboradores en el CISEN, al escuchar esto se botan de la risa y describen al ingeniero mecánico como un meloso y temeroso subdirector de área, quien antes de entrar a la oficina de su jefe, temblaba y salía sonrojado ante los regaños ganados por sus torpezas.

De sus cercanos colaboradores comentan que la triplemente “blindada” Maribel Cervantes Guerrero, fue su secretaria y compañera sentimental, y su función era controlar los viáticos; a Edgardo Eusebio Millán Gómez lo recuerdan como chofer del entonces subdirector Salvador Espejel; de Víctor Gerardo Garay Cadena, lo ubican en la PFP, allá por 1999, como escolta de una periodista; y, a Oswaldo Luna Valderrábano, al que sus colegas del CISEN, le decían el come niños, era el chofer de García Luna. ¿Estos son los súper policías que salvarán a la Patria de la inseguridad?

Parece ser que García Luna, confundió la instrucción del Presidente Felipe Calderón: alinear por alienar las capacidades del Estado Mexicano contra la delincuencia. Y es que las bases, sobre las cuales se está construyendo (nepotismo, amiguismo, arbitrariedad) el nuevo modelo de Policía Federal, son falsas y amenazan con derrumbarse en cualquier momento, ante la inconformidad que prevalece entre el personal de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, quienes, todos los días, observan y critican la charlatanería de su jefe García Luna, confirmando en los hechos los calificativos de: mentiroso, inepto y corrupto que le clavó su colaborador Javier Herrera Valles.

Quien siembra vientos cosecha tempestades. ¿O no?
 
 
 
 
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Número 102, Mayo 2008