Año 10 No. 130, Septiembre de 2010
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Sitio misterioso, cálido y relajado
Restaurante Ligaya
 
Por: Ruperto de Nola
Fotografía: Mario Torres
 
Comida excelente en sabores y presentación.

Tendencia totalmente demodée, afortunadamente. Recuerda aquellas paredes blancas, con muebles blancos, alfombras blancas, y como todo adorno un florerito con un flor muerta de tedio entre tanta blancura.
 


Por favor, Rupert -me dijo mi Tía Wilhelmina cuando pasé por ella para nuestra comida habitual, -vamos a un lugar tranquilo, silencioso, ajeno al football.

¿Por qué, Tante? -Le pregunté preocupado.

Amo el deporte –contestó algo apenada, -pero estoy agotada de escuchar constantemente hablar del Mundial. En radio, en televisión, en los cafés, en la calle.

Bueno Tante, es preferible eso a que se hable de asesinatos y balaceras.

De acuerdo, en estos días ni sabemos del crimen. Si siguen los problemas ni quien se entere. De algo sirve el bendito foot.

En vista de su actitud algo antisocial, pensé en el Ligaya, un restaurante de ambiente relajado y ajeno al ruido de la ciudad y del football.

Me encanta la idea. Estuvimos hace algún tiempo y me gustó.

Enfilamos por la Avenida Nuevo León. La entrada es discreta, sin alardes de publicidad. Un caserón de los años 30, más o menos, que conserva su dignidad con sus toques modernistas. El acomodador se hace cargo del vehículo y entramos. Podríamos acceder como los políticos, pero preferimos ser sencillos.

A mi Tía Wilhelmina le gustó la entrada.

Tiene un toque de… yo diría misterio, como de lugar secreto al que sólo tienen acceso los iniciados.

Cuando meine liebe Tante (como yo la llamo de cariño), se pone lírica logra darle encanto a los lugares donde vamos. Y ese día estaba de vena.

- Ligaya significa felicidad en el idioma de los tagalos, los antiguos pobladores de las islas Filipinas. Y sí, está bien escogido el nombre, porque la gente se nota feliz en este ambiente, so relax, really warm.

Pues sí, cálido y relajado -pensé yo -¿feliz de que le agradara?

La decoración es sobria, pero de buen gusto sin caer en el minimalismo.

Tendencia totalmente demodée, afortunadamente. Recuerda aquellas paredes blancas, con muebles blancos, alfombras blancas, y como todo adorno un florerito con un flor muerta de tedio entre tanta blancura. “Una invitación al bostezo –pontificó mi Tía.

Por supuesto el Ligaya no tiene nada que ver con ese minimalismo que tanto incomoda a Wilhelmina. Mesas impecables con manteles blancos, así como la vajilla sobre el plato de servicio de madera haciendo juego con el tono canela de las sillas. Al centro, un esbelto florero metálico con una flor, la única reminiscencia minimalista, pero muy decorativa. Así me lo hizo notar mi Tía, muy fijada en estos detalles.

Iniciamos la comida con un martini para mí y un Manhattan para ella. Protestó conmigo por la ausencia de la clásica cereza, pero se consoló al comprobar que a mí me faltaba la aceituna. No llegó a quejarse con el barman y opinó que a lo mejor era un estilo de la casa. Indicio de que estaba de humor tolerante.



Pedimos al centro unas croquetas de queso de cabra con camarones. Nada que ver con lo esperado. Según meine Tante les faltaba lo crujiente de las clásicas croquetas y el queso resultaba batido en el interior. Según yo, no estaban tan mal, pero preferí no discutir.

Para desquitarnos de la pobre impresión, pedimos unas tostadas de marlín. Unos tacos de pato al tamarindo nos parecieron sugerentes, pero preferimos el marlín.

Aunque dicen que está en peligro de extinción.

Hay tantas cosas en peligro de extinción, como la vergüenza, que no vamos a preocuparnos por un pececito, -comentó mi Tía. –A lo mejor es tiburón, pero de sabor, pasa bien.

La oferta de sopas es amplia. La de cebolla parecía una buena opción, pero preferimos probar algo diferente como la de queso Gruyere a la cerveza para Tante y una de mejillones para mí. Buena elección, porque estaban ambas de primera.

La variedad de ensaladas dificulta la elección: de jamón serrano, de alcachofas, de mango, de higos con queso brie. Una ensalada César para compartir mientras decidíamos el plato fuerte fue lo preferido.

Una amiga que vive en Brasil, Sonia Alarcón, me había hablado en términos elogiosos del salmón en leche de coco. Lo encontré en la carta y no resistí la tentación… y no me arrepentí: Sonia sabe lo que recomienda. Tante prefirió un filete roquefort, aunque titubeó un rato frente al confit de pavo.

Vale apuntar que no toda la carta es tan refinada y original. Para quienes prefieran algo sencillo y cotidiano pueden pedir una milanesa de ternera o una sábana a la mexicana. También hay abundancia de pastas: spaghetti, fusilli, ravioli, fideos en salsa de cuitlacoche. Cuitlacoche, sí, no huitlacoche, pues esta es una denominación incorrecta del hongo del maíz, según quienes sí saben del idioma náhuatl.

Toda esta comida, excelente en sabores y presentación, la acompañamos con cerveza bien refrigerada, dado el calor que no apetecía vinos. Pasamos al postre: Las crepas de nutela y moras parecían atractivas, pero…
- Es la famosa pasta gianduja de chocolate y avellana –sentenció Tante. -Dulce como para matar a un diabético con sólo mirarlas.

Por lo tanto, pedimos unas zarzamoras con crema y un merengue con fresas.

Nos dicen que en Santa Fe han abierto una sucursal en el edificio Escape, al estilo de las casas del sur de Francia, con chimeneas, vigas y muros rústicos y gran profusión de plantas. Habrá que conocerlo.

Éste, de la Condesa, resultó una buena experiencia, salvo las croquetas y los complementos de los cocteles, todo muy correcto y recomendable, hasta la terraza para fumadores, esos marginados de la sociedad actual.

Ligaya Condesa
Nuevo León, N° 68
Col. Condesa
5286-6268 y 5286-6380

Ligaya Terraza
Juan Salvador Agraz, N° 37, Local 13
Santa Fe,
5292-2106 y 5292-2214
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