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Vándalos roban testimonios de la historia |
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| ¿Dónde quedó la plaquita? |
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Por: Felipe de la Lama-Noriega |
¿Las coleccionan o las malbaratan para quién sabe qué?
¿Qué atractivo morboso ejercen las placas conmemorativas en los vándalos? ¿Las coleccionan? ¿Las venden para ser fundidas? Con las placas perdidas se pierde el recuerdo de la historia, de la cultura, del pasado de una ciudad.
¿No habría forma de que los robaplacas se perdieran misteriosamente y sin dejar huella? ¿O que los fundieran como las placas
? Gozosos preguntaríamos ¿dónde quedó el vandalito? |
Recuerdo de mis años mozos aquellos juegos de azar que sobre una mesita plegable practicaba algún ambulante engañabobos. ¿Dónde quedó la bolita?, gritaba al público que lo rodeaba. Y la bolita desaparecía y volvía a aparecer y rodaba entrando y saliendo debajo de unas jicaritas (¿o serían un par de vasos
?). Y los ingenuos apostábamos a que la escurridiza pelotita se hallaba en uno de los posibles escondites
para descubrir que la traviesa esferita se había refugiado en el otro.
Hoy en día, los ambulantes practican juegos más productivos y más seguros que una bolita inaprensible pero, el ¿dónde quedó
.? sigue vigente ¿dónde quedó, dónde quedaron tantas cosas desaparecidas? Pero investigarlo sería ardua labor más allá de mis fuerzas y capacidades. Me limitaré a los ¿dónde quedó? que me han preocupado últimamente.
Ya no se trata de una pelotita juguetona y saltarina: se trata de placas, placas que marcaban, señalaban momentos de la Historia de esta Ciudad. ¿Dónde quedó la plaquita?
Para muestra van unos botones: en 1976 la gran diva del género lírico María Conesa develó una placa de bronce en el estacionamiento que, gracias al gusto depredador de un Banco, ocupaba el espacio donde estuvo el teatro más antiguo de América: El Principal, El Coliseo Nuevo ubicado en la ahora calle de Bolívar. La placa decía:
En este lugar estuvo el Teatro Principal 1753
Incendiado en 1931, Aquí debutó en 1901 Maria Conesa, por los 75 años de su debut.
Puede verse la placa en la foto del desangelado estacionamiento.
La placa de bronce desapareció por arte de birlibirloque, pero gracias a las protestas de quienes respetamos la Historia reapareció tan misteriosamente como se había ido, ahora de latón.
La Suprema Corte de Justicia compró el predio para edificar un atentado contra el paisaje urbano del Centro Histórico y la placa vuelve a perderse, ahora definitivamente.
En la esquina de Isabel la Católica y Madero, una placa señalaba que en ese edificio, ahora tienda de música y Museo del Estanquillo, estuvo la joyería más elegante y exclusiva de aquellos tiempos: La Esmeralda. Sólo queda el hueco, la huella de donde fue arrancada.
En el parquecito que se encuentra en la Avenida Chapultepec y Guaymas junto a los Televiteatros se yergue, tímido y recatado, el monumento a Giuseppe Garibaldi, regalo de Italia en 1910 por las fiestas del Centenario. Pueden verse las huellas de donde estaba fijada la placa que explicaba quien es el personaje homenajeado con ese busto.
Pero el último ¿dónde
?, que me ha impactado, es el de la placa con su monumento incluido que se localizaba en la Plaza de las Naciones Unidas. Plaza en Reforma entre Mariano Escobedo y Ródano, donde se lució la Diana Cazadora durante una temporada y antes el Ariel, ambos ampliamente criticados por sus desnudeces.
En 1996 el Secretario General de la ONU Boutros Boutros Ghali inauguró esta discreta presencia de la organización internacional. Y hete aquí que sin decir agua va es demolida y escamoteada. ¿Dónde quedó la plaquita? La ONU se inquieta e investiga. La Delegación Miguel Hidalgo, en cuyo territorio se encuentra la Plaza no tiene jurisdicción sobre ella, según informaron los asesores y colaboradores del Delegado Licenciado Demetrio Sodi de la Tijera. Es una ínsula que pertenece al Gobierno de la Ciudad. Lo cual despierta muchas esperanzas: el Licenciado Marcelo Ebrard es más fácil de localizar y más responsable que los prestidigitadores de la Suprema Corte o los de La Esmeralda o tantos otros juglares que sería largo mencionar.
Licenciado Ebrard: ¿dónde quedó la plaquita de la ONU? ¿Qué atractivo morboso ejercen las placas conmemorativas en los vándalos? ¿Las coleccionan? ¿Las venden para ser fundidas?
Con las placas perdidas se pierde el recuerdo de la historia, de la cultura, del pasado de una ciudad. ¿No habría forma de que los robaplacas se perdieran misteriosamente y sin dejar huella? ¿O que los fundieran como las placas
? Gozosos preguntaríamos ¿dónde quedó el vandalito? |
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